Datos y análisis económico

miércoles 16 de septiembre de 2026

Tensión en el Círculo Rojo.

Hay una administración que eligió dar la pelea en el plano simbólico. Esa confrontación apunta a un empresariado habituado durante décadas a prosperar bajo la protección estatal y a sobrevivir gracias a un mercado restringido por regulaciones discrecionales. En ese terreno el presidente Javier Milei se mueve cómodo. En la red X despliega sarcasmo sin filtro: convierte a Paolo Rocca (Techint) en “el señor de los caños caros”, a Javier Madanes Quintanilla (Aluar y Fate) en un personaje caricaturesco ligado al aluminio y al caucho, y al menos conocido Roberto Méndez (Neumen) en blanco de burlas tras reconocer que durante años el precio de los neumáticos tuvo márgenes excesivos. No suele mencionar, en cambio, su pasado laboral bajo la órbita de Eduardo Eurnekian (AA2000), cuyo negocio podría encajar en ese universo que cuestiona. Pero esa discusión queda al margen.

Mientras la escena pública vibra con la narrativa libertaria, dentro del Gobierno funciona otra lógica, más práctica y silenciosa, destinada a sostener esa construcción discursiva que permitió a La Libertad Avanza desplazar la hegemonía retórica que supo tener el kirchnerismo. Así, la misma gestión que hace meses relativizaba la necesidad de acumular reservas ahora compra divisas de forma sistemática desde comienzos de año, sumando más de US$2600 millones. En privado explican que la medida busca reducir la vulnerabilidad ante shocks externos y aportar liquidez en pesos para evitar una apreciación excesiva del tipo de cambio. Una postura que no difiere demasiado de la recomendación histórica del Fondo Monetario Internacional. Un dato oportuno mientras funcionarios como el viceministro José Luis Daza y el director del BICE, Martín Vauthier, rinden examen en Washington. Aunque no figura oficialmente en la agenda, se espera que el directorio del organismo trate la tercera revisión del acuerdo hacia fines de marzo.

Sin embargo, la desaceleración de la inflación perdió impulso y eso inquieta. Técnicos del equipo económico temen que el Presidente vuelva a priorizar un dólar barato como ancla antiinflacionaria aun sacrificando acumulación de reservas, uno de los logros que hoy exhiben. “Sería crearnos un problema innecesario”, reconocen en voz baja.

Entre economistas también hay discusión. Algunos sostienen que no conviene expandir la base monetaria comprando dólares si la demanda de pesos no crece al mismo ritmo. Un debate teórico para un país que suele desafiar manuales.

El sector privado tampoco muestra unanimidad sobre el futuro de los precios. La experiencia internacional indica que bajar la inflación a niveles de un dígito anual suele requerir varios años. El excanciller uruguayo Ernesto Talvi, cercano al equipo de Caputo, recordó recientemente en Nueva York que Uruguay optó deliberadamente por un proceso más gradual para proteger la actividad económica.

Desde mediados de 2025 la inflación mensual dejó de caer, aunque algunos prevén mejoras hacia el segundo trimestre. Un economista que viene acertando pronósticos afirma que resta absorber el traslado a precios de la devaluación electoral, la estacionalidad de marzo y la dinámica internacional.

Dentro del Gobierno crece la idea de darle oxígeno a la economía real. “Milei genera tensión con empresarios, pero Caputo dialoga y entiende”, admite un industrial. Varios funcionarios del ministerio provienen del sector productivo, y eso impulsa conversaciones para abaratar el crédito, primero para pymes y luego para familias. Entre las opciones figura incentivar a organismos públicos a invertir en fondos orientados a financiamiento productivo, reduciendo indirectamente el costo del dinero. Hoy una pyme paga entre 28% y 35% anual por cheques avalados y hasta 59% sin garantía. El Banco Nación prepara líneas promocionales, incluso en dólares al 0% para inversión, mientras que se esperan ofertas en pesos agresivas en la Vendimia. Ocurre en un contexto donde bancos privados se replegaron por temor a la mora.

También el Ejecutivo planea avanzar en el Congreso con reformas orientadas a mejorar expectativas y atraer inversión. Tras la aprobación del acuerdo Mercosur-Unión Europea en el Senado, uno de los primeros debates será el tratado comercial con Estados Unidos. Luego del fallo de la Corte Suprema norteamericana sobre aranceles, continuaron contactos con la oficina comercial estadounidense, que transmitió intención de respetar lo acordado aunque pueda requerir ajustes legales.

En ese paquete buscarán incluir la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, proyecto con media sanción desde 1998 y resistido por la industria farmacéutica local.

El Presidente también retomaría iniciativas pendientes de la Ley Bases: propiedad privada reforzada, equilibrio fiscal permanente, reducción del gasto al 25% del PBI y reforma educativa. La reforma tributaria genera más dudas: el superávit existe pero sin margen para recortes inmediatos.

Puertas afuera el panorama es distinto. En marzo, durante el Argentina Week en Nueva York, empresarios y gobernadores acompañarán al Gobierno para mostrar respaldo político, una señal valorada por Wall Street. Luego llegará el canciller alemán Johann Wadephul con compañías interesadas en invertir, y en junio se prepara un foro económico europeo con cientos de líderes corporativos.

La paradoja aparece clara: internamente persisten tensiones —inflación resistente, dólar apreciado y crédito limitado— mientras en el exterior crecen las expectativas. Entre relato y pragmatismo, el equilibrio es delicado. Por ahora, se sostiene.

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